domingo, 30 de mayo de 2010
No se como, pero parece como si hubiéramos encontrado ese lugar justo, ese lugar indicado y preciso para sentirnos totalmente.  Ahí estábamos, pasadas las 2 de la madrugada, con un frío intenso, y una lluvia suave que mojaba los vidrios de esa cabaña. El fuego que acompañaba el calor que poco a poco levantaban nuestros cuerpos. Dejándonos llevar por el majestuoso vibrar de nuestros sentidos. La respiración que como por deseo del alma demostraba la pasión que desatábamos juntos, al tocarnos y recorrer nuestra piel.  Disfrutando entonces de cada segundo que pasaba, como si estuviera a punto de estallar el mundo en mil pedazos, y está fuese la última vez que nos viéramos en vida.  Hacías arte con tus manos, me inspirabas toda la pasión con el rosar de tus labios en los míos.  Y el completo goce que me transmitías, reflejaba en mis ojos, que con una mirada intensa a los ojos te hundía en un vacío inmenso de placer. 

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